sábado, 12 de noviembre de 2011

ORALIDAD: FIESTAS PATRONALES, UNA TRADICIÓN O UNA HERENCIA ANCESTRAL


FIESTA PATRONAL
XANHUXI, TUXKUL, WIYAN XIKI  TUNATI
PURIK NA ALTEPET

La fiesta patronal es una manifestación cíclica del mito, del ritual religioso o del celo comunitario indígena por la sobrevivencia. La fiesta se presenta como algo efímero, pero es todo el pasado que regresa, como una fusión del memorial mítico del reencuentro con los ancestros. La celebración revela una manera de ser que, aunque no se sepa a conciencia, está presente como práctica de vida de todo Xinka.
La fiesta es una representación de lo que fue, pero a la vez refleja lo que todavía es el grupo humano celebrante. Ese ser presente en la fiesta la incandescencia del instante que es todo el pasado del pueblo y representa la herencia y tradición popular por volver a ser. Contrario al significado del olvido, la fiesta afirma y renueva la visión.
El regocijo de la fiesta patronal dentro del Pueblo Xinka fue visto por los conquistadores y en especial por los frailes como resabios del culto a sus antiguos dioses, disfrazadas sus divinidades en fiestas de farsa ingenua.
La máscara para la danza tradicional, representaba principalmente a seres del undo animal y vegetal, como sucedía en las festividades de la lluvia, de la recolección del maíz, mazorca, de la tuza, de la Wirokha, moros entre otros.
Se utilizaban máscaras en los bailes, en las presentaciones tradicionales. La máscara  fue desplazada bajo prohibición expresa, por decreto Real con pena de Muerte por fomentar la cultura originaria, y el indígena pasó a utilizar la máscara con símbolos españoles, símbolo de dominación cultural y espiritual, expresión de un proceso de aculturación y de asimilación cultural que jugó el rol hegemónico en la sociedad colonial.
La máscara impuesta devino en mascarada y signo de resistencia como en el Intruso. No la máscara artesanal puesta sobre el rostro, si no la otra cara oculta del mestizo. La fundación mítica de los pueblos Xinkan en la época de la Colonia, se realizó como signo de conquista y sometimiento de un territorio en los antiguos y primitivos asentamiento, allí se asentaron las avanzadas y huestes colonizadoras de la Corona de España, bandera y cruz, bajo la tutela y simbología de un santo patrono que regiría el destino de esos pueblos.
La fiesta patronal en Jutiapa, Guatemala y en América Latina es hija de la colonización española, fusión sincrética del elemento cultural indígena en festividades de celebración religiosa y del mestizaje. La fiesta patronal revela un acontecer de dominación y resistencia. No obstante, la fiesta convoca, reúne, aglutina y enfrenta a la gente con su propia identidad, porque representa un eslabón de continuidad de la tradición que articula de manera encadenante, a hechos y acontecimientos que viven en la memoria colectiva, y aporta aspectos esenciales que también forjan la identidad del pueblo.
Las fiestas patronales celebran la fundación de un pueblo bajo la égida de un santo patrono. Pero a la vez manifiesta el período culminante de la recolección, de la cosecha. Es la manifestación del fervor y la devoción a una divinidad tutelar o a un santo protector. Nuestros pueblos y ciudades nacen marcados por dos elementos definitorios de la identidad local: la misión y la tradición. La misión del imperio Español fenece con la declaración de Independencia en 1821, pero la tradición se perpetuó a través de siglos como manifestaciones culturales del ser Xinka, y en celebraciones religiosas que expresan la dominación por la fe, cuya manifestación externa es la fiesta patronal, el culto a los muertos y el temor al poder.


Es interesante el uso de la máscara, tanto para representar personas como animales, elemento que vino del teatro indígena, y que tanto influyeron en las primitivas representaciones coloniales, como en las representaciones teatrales, las mitología Ancestral.
Las máscara que se utiliza en las fiestas patronales a la vez que es una representación mágica, es una fantasía o un sucedáneo de la expresión de lo ambiguo del ser que somos como indígena. La máscara puesta en escena festiva popular y en vena de desparrame de la alegría de la danza o fiesta, significa la liberación de las represiones sociales y cultural. La represión y el control social es sustituido por un instante más o menos duradero, Por la libre expresión que otorga la máscara, el disfraz, como en las fiestas patronales de San Cristóbal, donde el yo verdadero oculto aflora en toda la dimensión humana con sus significados culturales.
Las máscaras de venado, del tigre y del toro, del diablo y de españoles impertérritos evocan la opresión y persecución durante la colonia, el drama del indígena. La fuerza del toro y la rapidez del venado. Es la representación del mito y su eficacia. Secretos a los que acude el pueblo porque los necesita. Es la fuerza de la fe y de la cultura. La fiesta y sus rituales sólo cobran significado real en el culto y veneración del pueblo por el poder del santo patrono. La mística, la fe del pueblo que se renueva milagrosamente como un milagro. Pero no siempre la máscara y la fiesta se unen, como tampoco la danza popular folklórica y la máscara, aunque éstas como actos simbólicos que rememoran el pasado colonial y la dominación, reflejan la mezcla de lo indígena con lo español, y las máscaras representan a los antepasados y ciertos juegos de resistencia y de poder. Esto es frecuente en las fiestas de Moros y Cristianos, el paso del sombrero, la wirokha,  donde se utiliza la máscara clásica, antiguas, de la tradición.
La celebración de la festividad popular, la devoción al santo patrono, y el ritual de la fe. Son días de bautismo y de confirma, de recogimiento y actitud contrita, de reflexión sobre la vida mundana y a la vez es celebración de la vida mundana. La fiesta se inicia con la víspera, cantos y oraciones en las iglesias, al alba detonan la cohetería, y en algunas ciudades los promesantes recorren las calles con los ojos vendados y de rodillas llegan hasta El Calvario o hasta el altar, mientras en las calles o en la plaza de toros juegan, al toro encohetado con música de marimba, cofrades, se juegan los juegos de azar, carreras de caballos y corridas de toros, bailes nocturnos y fiesta de coronación de la Reina.
Pagana y religiosa, sincrética, la fiesta patronal expresa en apariencia lo superficial, y aunque no se aprecie por el colorido y el bullicio de algún modo asoman las profundidades del alma del indígena y del mestizo(indígena también aunque no acepten la identidad como tales). Podría llegarse a pensar que las fiestas patronales han perdido la esencia del ritual, de la fe; pero esta subyace en todo el simbolismo que acoge y reúne la fiesta patronal.
Como evento también de solaz y recreación la gente se olvida de la politiquería, de la miseria y pobreza que los agobia. La catarsis hace relucir en todo su esplendor la tradición, el encuentro con un pasado que está siempre presente, lejano y casi en el olvido, pero que los símbolos de la fiesta reavivan como manifestación cíclica del mito.



LAS MAYORDOMÍAS 


La Mayordomía es una tradición que existe desde antes de la Colonia. Las fiestas patronales requieren amplios preparativos por lo menos un año antes y es el mayordomo, carguero o cófrade (nombre que recibe según la región) el que patrocina y encabeza dichos festejos, recibe la encomienda y asume, públicamente, su responsabilidad en la coordinación de los trabajos preparatorios; al término de la fiesta, hace entrega de esta responsabilidad a su sucesor. 

Sus funciones varían según la comunidad y la fastuosidad de la celebración. Sin embargo se puede decir, en términos generales, que le corresponde realizar ciertos rezos y cambiar las flores del Santo durante todo el año; por lo que toca a la fiesta, debe cubrir los gastos en que incurran sus auxiliares, pagar a los músicos, alimentar a los danzantes, a los compañeros “cargueros” de otros Santos y autoridades, en fin, atender a todos los participantes. Debe también obsequiar el adorno del interior de la iglesia, atrio, calles y debe proporcionar velas, incienso y los juegos pirotécnicos. 

En las comunidades campesinas e indígenas o en los barrios o cofradías gremiales, todo varón anhela la mayordomía ya que, con ello, se ganará el respeto del grupo social, lo cual le permitirá en el futuro participar en las grandes decisiones del pueblo. Desde la perspectiva religiosa, ese prestigio se traduce en la activa participación del individuo en un auténtico servicio a la comunidad y, así, evitar la destrucción de la misma por causa de la ira de algún Santo. 

Para que alguna persona ocupe el cargo de mayordomo del Santo Patrón o Patrona, es necesario que durante muchos años vaya asumiendo una serie de cargos que van de menor a mayor importancia y que se combinan en una estructura político-religiosa. 

Esta estructura se creó durante la Colonia, y si bien tomó algunos elementos de las esferas teocráticas prehispánicas, como el de aportar trabajo gratuito para emular a las deidades que “cargan” el peso del tiempo (el año), o las que cuidan “el atado o el bulto de años”, sirvió para que los españoles obtuvieran mejores rendimientos en el sistema tributario -que hábilmente tomaron de los aztecas- y para disimular la virtual esclavitud a la que habían sometido a los indios. Tanto las autoridades coloniales civiles como las religiosas se valieron de la tributación para sostenerse, sólo que en cada esfera adoptaron un nombre diferente. 

Para el caso que nos ocupa, en el siglo XVI los frailes crearon las hermandades, congregaciones o cofradías, a través de las cuales recibían las limosnas y el diezmo que debía cubrir sus visitas y servicios. De igual manera, multiplicaron los cultos y las fiestas para poder así aumentar sus ingresos. 

Las mayordomías han sobrevivido a la iglesia institucionalizada, a la Independencia, a las Leyes de Reforma y a la Revolución misma, pues las comunidades se apropiaron de ellas, dejaron de pagar tributo a “otros” y las enarbolaron como un símbolo de resistencia cultural y como un espacio para el alimento espiritual.


Estas son las celebraciones por fecha del departamento de Jutiapa
Agua Blanca: 6 de Enero, Los Santos Reyes 
San José Acatempa: 4 de Febrero, Virgen de la Piedad
El Progreso: 11 de Febrero, Virgen de Lourdes
Zapotitlán: 18 de Febrero, San Simeón
Jerez: 5 de Marzo, San Nicolás Tolentino
Moyuta: 14 de Marzo, San Juan Bautista
El Adelanto: 19 de Marzo, Patriarca San José Obrero
Comapa: 30 de Julio, San Cristóbal
Jutiapa: 30 de Julio, San Cristóbal
Asunción Mita: 15 de Agosto, Virgen de la Asunción
Pasaco: 4 de Octubre, San Francisco de Asís
Yupiltepeque: 18 de Octubre, San Lucas Evangelista
Atescatempa: 5 de Noviembre, San Nicolás
Quesada: 25 de Noviembre, Santa Catarina de Alejandría
Santa Catarina Mita: 25 de Noviembre, Santa Catarina de Alejandría
Conguaco: 8 de Diciembre, Virgen de la Inmaculada Concepción
Jalpatagua: 21 de Diciembre, Santo Tomás Apóstol







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